González Rivera v. Junta de Retiro para Maestros
González Rivera v. Junta de Retiro para Maestros
Opinion of the Court
emitió la opinión del Tribunal.
Recurre ante nos la Junta de Retiro para Maestros de la sentencia dictada por el Tribunal Superior, Sala de San Juan, ordenándole pagar al recurrido $7,940 por concepto de pensiones dejadas de pagar, descontándosele a esta suma el importe de los sueldos recibidos por éste por su trabajo en el Departamento de Hacienda desde el primero de octubre de 1936 hasta el 31 de diciembre de 1951. En apoyo de este recurso apunta dicha Junta la comisión de tres errores por el tribunal de instancia, a saber: (1) al no considerar el hecho de que se trata de una revisión sui generis que debió instarse dentro de un periodo razonable y no quince (15) años después de haberse emitido el dictamen administrativo; (2) al concluir (a) que la pensión íue suspendida no porque el peticionario estuviera bien de la enteritis crónica que originalmente motivó la concesión de pensión sino porque no estaba padeciendo de tuberculosis pulmonar y (b) que de los exámenes médicos no se desprendía que el peticionario ya no padecía de enteritis crónica; y (3) al no considerar que había incurrido en demora injustificada no obstante haber iniciado la acción de mandamus años después de suspendida la pensión.
A los efectos de resolver es necesario hacer una relación sucinta de los hechos del caso.
“Gall Bladder — The gall bladder is round, at the level of the 11th dorsal vertebra of average size and of normal homogenus density. After the fatty meal evacuation of the dye is satisfactory. Conclusion: Normal gall bladder.
“Gastro Intestinal Series; Preliminary study of the chest shows no gross abnormality of the intra thoracic organs. Fluoroscopic and radiographic study of the stomach and small intestine shows no intrinsic defect or functional disturbance of the stomach; the pylorus is long and narrow but offering no obstruction.
“The duodenal bulb and the rest of the small intestine appear normal. Conclusions: Pyloric hypertrophy with slight stenosis and with no mucosal lesion”.
En 12 de marzo de 1946 la Junta informó al peticionario de la conclusiones finales del informe médico de febrero de ese año explicándole que en vista de que “Habiendo desapare-cido la dolencia que motivaba su incapacidad física” se sus-pendía la pensión del peticionario de acuerdo con lo dispuesto en la Sec. 13(c) de la Ley Núm. 161 de 1945. Y luego del examen de 1947 notificó al peticionario que había desestimado la reconsideración de su caso.
No fue hasta el 29 de agosto de 1962 que el peticionario radicó la acción de rrumdamus que estamos considerando, luego
La única prueba testifical en este caso fue la de dos peritos médicos. El Dr. García Cabrera declaró que “En el estudio gastrointestinal que se hizo, si el señor [el peticiona-rio] hubiera tenido enteritis crónica se hubiera visto”. Aña-dió que una persona que padezca de tal enfermedad no podía dar un resultado normal de vesícula biliar y del sistema gastrointestinal; que “No hay evidencia aquí de evidencia' (síc) intestinal crónica”; que cuando examinó al peticionario (en 1946) no padecía de enteritis crónica. En contrainterro-gatorio admitió que la conclusión de su informe era que el peticionario no padecía de tuberculosis pulmonar, pero a pre-guntas del juez sentenciador añadió que los exámenes en estos casos son abarcadores. “No nos limitamos al pulmón. Hace-mos un examen de todo el sistema. Consideramos al paciente en su totalidad orgánica y fisiológica”. Con la objeción del recurrente se admitió en evidencia el informe del Dr. García Cabrera del examen que le practicó al peticionario en 1933. Por último, y a instancias del recurrido, testificó el Dr. José M. Berio que enteritis crónica quiere decir diarrea crónica que puede limitarse al intestino delgado o al intestino grueso; que en el informe del examen médico del peticionario realizado en 1947 no aparece “hasta qué punto se hace el estudio, si fue el intestino delgado, duodeno . . .”; dijo que el radiólogo simplemente dice “intestino delgado” pero no dice qué por-ción, ni llegó en su totalidad a estar en el intestino delgado; que “si este paciente tenía una lesión del intestino grueso no
Hubo prueba de que el peticionario trabajó en el Departa-mento de Hacienda desde el 1ro. de octubre de 1936 hasta el 31 de diciembre de 1951 pero no se ofreció evidencia alguna de sus ingresos con posterioridad a dicha fecha.
El juez de instancia basó su dictamen ordenando el pago de las pensiones no pagadas desde que la Junta las suspendió en 1946 pero rebajadas en la cuantía de los sueldos recibidos por el peticionario del Departamento de Hacienda hasta el 31 de diciembre de 1951, en que “La prueba documental ofrecida por las partes analizada en relación con el testimonio del Dr. J. M. Berio dejó demostrado que ni por el primer examen ni por el segundo podría afirmarse que el peticio-nario ya no padecía de enteritis crónica que, como indicamos, fue la enfermedad que dio base a la Junta de Pensiones para Maestros para conceder al peticionario una pensión de $20.00 mensuales”.
Consideraremos el primer y el tercer apuntamiento con-juntamente pues plantean la cuestión de si el peticionario incurrió o no en demora injustificada en instar su acción.
Esta cuestión fue planteada al tribunal de instancia y éste resolvió que la acción se radicó dentro del término legal
Los hechos del caso no revelan, a nuestro juicio, una ocul-tación deliberada por parte de la Junta del padecimiento de enteritis crónica del peticionario diagnosticado en 1933. Más bien indican que por error del peticionario, sus exáme-nes de 1946 y 1947 se concentraron en la determinación de si aún padecía de tuberculosis pulmonar y por inadvertencia del médico examinador y de la Junta, no se descubrió entonces que los récords médicos del peticionario, constantes en la Junta, indicaban que la razón de la pensión era incapacidad motivada por enteritis crónica y no tuberculosis pulmonar. Como la enteritis crónica es una enfermedad cuyos síntomas físicos son manifiestos y producen intensa incomodidad, de-bemos asumir que si el peticionario aún la sufría en 1946 y 1947, él hubiera informado a los médicos que entonces lo examinaron de los síntomas de que para esa fecha padecía, o sea, de la diarrea que le efectaba, información que indu-dablemente hubiera inducido al Dr. García Cabrera a proceder en consonancia con el récord clínico del paciente iniciado en 1933. Al suspendérsele la pensión por no sufrir entonces de
Concluimos, por lo tanto, que el haber esperado 15 años para solicitar examinar su récord en la Junta y descubrir entonces el alegado error que fundamenta su recurso constituye una demora injustificada en la radicación de esta acción, considérese ésta como de mandamus o como una revisión sui generis. Rivera v. Pons, Comisionado, 66 D.P.R. 930 (1947); Urdaz v. Padín, Comisionado, 48 D.P.R. 306 (1935).
Por los fundamentos expuestos, se revocará la sentencia dictada por el Tribunal Superior, Sala de San Juan, en este caso, en 14 de febrero de 1964, y en tal virtud se declarará sin lugar la petición radicada en el mismo.
La referida disposición de la Ley Núm. 161 en la parte pertinente lee así:
“Los maestros pensionados por incapacidad física de acuerdo con esta Ley o cualquier otra ley anterior de pensiones, serán examinados periódi-camente por un médico nombrado por la junta. Si dicha incapacidad desapareciere, el pago de la pensión se continuará por un período de seis (6) meses a partir de la fecha del examen médico declarándolo curado de la incapacidad.”
Una disposición similar se ha incluido en la Sec. 30 de la Ley de Retiro para Maestros, Ley Núm. 218 de 6 de mayo de 1951 (18 L.P.R.A. sec. 349) en donde además se dispone que “Los maestros retirados por incapacidad física dejarán de recibir la renta anual vitalicia tan pronto cese este motivo o se dediquen a ocupaciones por las que reciban remunera-ción, siempre que ésta sea mayor que la renta anual vitalicia”.
Las leyes que regulan los derechos de las partes en este caso no proveen recurso alguno ante los tribunales para revisar las determina-ciones de la Junta de Retiro para Maestros. Cf. Correa Suárez v. Junta Retiro para Maestros, 88 D.P.R. 590 (1963). A menos que se encuentre en la ley alguna indicación de una voluntad legislativa de que tales determinaciones sean finales, las mismas están sujetas a revisión judicial. Medina v. Pons, 81 D.P.R. 1 (1959). También se consideran finales en ausencia de disposi-ción expresa en la ley las determinaciones administrativas en que se trate de una concesión o gracia en contraposición a un derecho. Davis, Administrative Law Treatise, Vol. 1, sec. 7.11 y Vol. 4, sec. 58 (1958). Cf. Weintraub, Development of Scope of Review in Judicial Review of Administrative Action; Mandamus and Review of Discretion, 33 Fordham L. Rev. 359 (March 1965).
Case-law data current through December 31, 2025. Source: CourtListener bulk data.